El rey de los comparendos

El hombre la tiene más clara que cualquiera. A los 43 años de vida sabe que sus días están contados como conductor de servicio público. Y no es propiamente porque lo esté matando una enfermedad terminal o cosa por el estilo. Lo que está a punto de sacarlo de circulación es una pesada culebra de 45 millones de pesos con el Tránsito de Medellín, por el no pago de 156 comparendos.
Sí, leyó bien: 156 multas que le han puesto por 21 diferentes infracciones, a un conductor que sigue bajando pasajeros al Metro, desde un barrio popular de calles estrechas, empinadas y congestionadas.
Gonzalo, como él prefiere que lo llamemos para proteger su identidad, nació en el municipio antioqueño de Segovia, pero se crió en Medellín. A los 14 años volvió a su tierra natal, atraído por la fiebre del oro. Un oficio rentable, sin duda, al que renunció por el acoso de la violencia.
Hace más de 20 años llegó a Medellín y desde entonces no se ha despegado de la cabrilla de los vehículos de transporte colectivo. En esta capital vive, trabaja y ama, rodeado por su esposa y tres hijos.
Afable y muy sincero. Así se muestra Gonzalo durante los 65 minutos de un recorrido de ida y vuelta en buseta, en la calurosa tarde del miércoles 14 de abril. Su tono y lenguaje revelan que no se siente el superhéroe de los comparendos. Pero es el rey indiscutido y ese título comenzó a ganárselo en 1995, cuando le impusieron el primer parte por sobrecupo. Pagarlo no era entonces problema, porque en su memoria está que bastaban de 4.000 a 8.000 pesos para salir del apuro.





